jueves, 3 de abril de 2008

Vera

jueves, 3 de abril de 2008
Vera se paseaba entre los perfumes. Un poquito de éste, un poquito de aquel. Fue probando hasta que el dolor de cabeza le indicó que se detuviera. Salió sintiendo un único y potente aroma que no la identificaba.

Fumó un cigarrillo mientras pensaba qué otra cosa podía hacer para entretenerse. Para no pensar en lo otro, en aquello.

Pasó por una librería pero nada la atrajo. Ningún libro hizo, aunque más no sea, el intento de seducirla. Y aquello amenazaba con volver a su mente y posicionarse entre ceja y ceja cual tercer ojo que la haría modificar su modo de ver, su modo de existir. No podía permitirlo.

Fue al cine. Eligió una película tonta, nada que la hiciera pensar más que en lo mala que era la película. Cualquier pensamiento demasiado profundo crearía una especie de intersticio en el que aquello pudiera colarse. Pero la amenaza continuaba.

Siguió caminando, el aroma de los perfumes que se habían hermanado ya era solamente un recuerdo aunque, claro, el dolor de cabeza persistía. Eso la alegraba porque generaba cierta distracción. Encendió otro cigarrillo. Observaba la gente. Se preguntaba qué era lo que los perseguía a ellos. Por qué tipos de aquellos eran acosados. ¿Se darían cuenta, acaso, del de ella? Pareciera que no, pero quién sabe; ella, precisamente, no sabía.

Peligro. De una manera u otra pensar en los aquellos ajenos le estaba recordando el propio. Rápido, rápido, pensá en otra cosa. Zapatos, iba a probarse zapatos.

Qué curioso. Todas opciones un tanto frívolas: perfumes, películas sin contenido, zapatos. Por ahora es lo que la aleja de aquello. Se probó tan sólo dos pares, se dio cuenta que no podría comprar nada y el pobre vendedor no tenía por qué ser afectado por su situación. No, no tenía por qué.

La hora de la cena se estaba acercando. Una hora que Vera no respetaba pero en este momento era una buena excusa para la próxima actividad de distracción: cocinar. No lo hacía bien, tampoco mal, pero lo importante era hacerlo, la acción propia, el proceso, el hecho de que le permitiría no pensar, sí, en aquello.

Comió. Siempre masticaba con absoluta conciencia del movimiento de su mandíbula y lengua, sintiendo la textura de la comida que iba cambiando, percibiendo el camino del bolo alimenticio. Pero esta vez se concentró aún más mientras miraba un programa de televisión inevitablemente igual a los demás.

No tenía sueño pero se acostó igual. Ya lo haría llegar mientras pensaba en las banales acciones que había realizado durante ese día. Esperaba, ciertamente, no tener que comprar, en un futuro, aquellas famosas pastillas para dormir.
 
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